En este libro, José Tomás de Cuéllar nos presenta una gran novela, y no sólo grande por su número de páginas, sino por la manera en que describe a cada uno de los personajes que la integran y por lo que hacen nos damos una idea de por qué “son así”. Los personajes del libro son muy variados, hay hacendados, funcionario, servidumbre y sobretodo los bandidos, a los cuales se les da mucha importancia a lo largo de la novela.
Los personajes se encuentran y desencuentran a través de la narración, ellos “son así”, con sus aventuras, misterios, mentiras, secretos, amores y todo lo que va marcando sus destinos. En esta novela Tomás de Cuéllar se dio a la tarea de que los diálogos de sus personajes fueran más complejos, de los que había explorado hasta entonces. Así, le dio un giro a su literatura, se adentró más en sus personajes, sin dejar a un lado las costumbres y el marco histórico de aquellos años. Hay una visión más radical, más profunda y al mismo tiempo ofrece una propuesta y una esperanza a lo largo de la novela.
El tiempo se convierte para el autor en un auténtico juego, pasa de un tiempo a otro, de un hecho al otro, retoma ciertas acciones para recordarnos en qué circunstancias dejó a alguno de sus personajes. Nos describe de manera detallada lo que hacen, piensan y sienten. En algunos pasajes de la novela se describen acontecimientos sociales que marcaron esta etapa del México Moderno.
Las gentes que “son así” nos traen a la mente otras grandes obras como, El zarco o Los bandidos de Río Frío, de grandes autores como Altamirano y Manuel Payno, respectivamente y en cierto modo se aprecia la influencia de estas obras en la novela de Tomás de Cuéllar. El propio narrador nos confiesa que: “las gentes son así” no tiene remedio… Sin duda, una gran novela para el lector interesado en la Literatura Mexicana del siglo XIX.
Luz América Viveros e Irma Gómez Rodríguez