Cumbres Borrascosas se publicó en diciembre de 1847, un año antes de la muerte de Emily Brontë, a la edad de treinta años, y fue mal recibida por la crítica. Su autora estaba destinada a ignorar el puesto que su obra alcanzaría en la literatura inglesa. La novela llegó a atribuirse a su hermano, porque su estilo –se decía– era “ferozmente masculino para que pudiese pertenecer a una mujer”. Ciertamente es una obra de una violencia y una aspereza continuas; cruda, desolada, apasionada, iluminada por la tormenta y la emoción, cargada de tonos sombríos e intensos, una obra llena de contradicciones, melodramática y violentamente lírica, donde ocurre todo aquello que estaba prohibido en el siglo XIX en la ficción.
Al igual que en su poesía, la sensibilidad de Emily al sonido y al sentido de las palabras muestra su conciencia de la infinita gama de posibilidades del lenguaje, y el ritmo de las oraciones deja el eco de los sentimientos que pretende evocar. Emily mezcla –dice Victoria Ocampo en el prólogo–,“como un nuevo pan para el mundo, lo conocido y lo desconocido; lo que ha visto y lo que imagina; lo que ha sentido y lo que presiente; lo que sabe y lo que adivina; lo que posee y lo que nunca le será concedido”. Vivió siempre –al margen de una que otra salida temporal– en la casa paterna, con sus hermanos, en Yorkshire, en esos páramos ingleses que pasarán a ser protagonistas en la novela, pero tuvo una vida interior apasionada e incluso turbulenta. Con su obra, “el alma de Emily Brontë rebasa el mapa de su país y por lo mismo nos acerca a él. Los conflictos de los hombres con las fuerzas desconocidas son nuestros. Por eso Wuthering Heights es nuestro".
María Rosa Lida
Victoria Ocampo