Después de haber ofrecido en esta colección de clásicos bilingües una versión castellana de la Ética nicomaquea de Aristóteles, Antonio Gómez Robledo se dio a la tarea de traducir y ofrecer una versión de la Ética eudemia, cuya autoría aristotélica han acabado por aceptar unánimemente los mejores filólogos de nuestro tiempo.
Si bien inferior a la versión nicomaquea en cuanto a la perfección formal y factura literaria, su versión eudemia, a fuer de obra primeriza, tiene, a no dudarlo, su encanto propio. En ella está aún, vivo y actuante, el espíritu del Protéptico, un diálogo igualmente de Aristóteles, y que, como su nombre lo indica, era fundamentalmente una exhortación al ejercicio de la sabiduría.
Hoy leemos el Protéptico fragmentariamente y a duras penas, pero intacto y por entero lo leyó Cicerón, quien a su vez compuso un diálogo paralelo, el Hortensio, de gran peso en la conversión de san Agustín.
En este espíritu, una vez más, filosófico a la par que religioso, inspirase Ética eudemia, en cuya última página nos dice su autor que la norma suprema de la conducta humana es el servicio y la contemplación de Dios.
Antonio Gómez Robledo